Volver a tus brazos, sentir tu rechazo, gritar hasta quedarme afónica.
Llorar hasta que me entre la sed, beberme un buen vino y poderme comer un gluten a la plancha.
Dormir cien mil horas, soñar que me quieres y no hacerme daño el pellizco.
Volver a encontrarte a mi lado, volver a abrazarte y desayunarte,
esto sí que es arte...